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Pintura al óleo "Oscuro rincón"
del pintor cubano Denis Núñez Rodríguez |
Hace tiempo no escribo. Olvidé la fecha en que terminé mi último poema, mi última narración. Cada vez que completo una línea, el dedo anular de mi mano derecha se encarga de presionar la tecla debida y borrar.
Bajo cualquier excusa. Un mandato de la autocensura que el dedo ejecuta con destreza, frustrando esa primera línea imprescindible para el resto.
No sé empezar por el medio, no me sale pensar en un fin sin un principio.
Quizás es mi empeño por no dejar vacíos, por inundar de sentido eso que espontáneamente se nos escapa, embiste y se asoma entre los dedos o la boca, tinta o saliva. Un evitar decir lo que se es por el dolor de las palabras propias.
Un no querer nombrarse.
Hace tiempo no me leo, en voz alta, no digo la mujer que se me ha cosido al cuerpo a son de temblores. Tengo problemas del habla y no es culpa del lenguaje.
Dentro de mí crece un árbol que no tiene dónde plantarse. He ahí el silencio.